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Canelo Álvarez venció a Christian Mbilli y recuperó el cinturón supermediano del CMB

Después de 13 meses sin pelear y de la derrota con Crawford, el mexicano destronó a Christian Mbilli y recuperó el cetro del Consejo Mundial de Boxeo.

31 de octubre de 2026 21:10:00

Saúl Canelo Álvarez volvió a ser campeón del mundo. Después de más de un año sin pelear, el mexicano derrotó al francés Christian Mbilli por decisión unánime, con tarjetas de 115-112, 116-111 y 117-110, y recuperó el cinturón supermediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). En Riad, Arabia Saudita, el tapatío apeló a su experiencia, su precisión y su capacidad para interpretar los tiempos del combate para volver a la cima de una categoría que marcó buena parte de su carrera.No hubo nocaut ni una exhibición arrolladora. Hubo, en cambio, una victoria construida con paciencia, inteligencia y golpes que hicieron la diferencia cuando el desarrollo de la pelea amenazaba con quedar atrapado en el ritmo que proponía su rival. A los 36 años, Canelo volvió a demostrar que todavía tiene recursos para imponerse en la élite del boxeo.
La noche tenía un significado especial. El mexicano regresaba al ring después de la derrota frente a Terence Crawford, en septiembre de 2025, y de una intervención quirúrgica en el codo que prolongó su inactividad. Del otro lado estaba Mbilli, un campeón que había llegado a la pelea con la intención de aprovechar su potencia física, su volumen de golpes y la oportunidad de vencer a uno de los nombres más importantes de la división.
El francés salió a buscarlo desde el comienzo. Presionó, avanzó con combinaciones y trató de llevar a Canelo contra las cuerdas para obligarlo a intercambiar. Su propuesta era clara: imponer un ritmo alto, reducir los espacios y evitar que el mexicano pudiera administrar el combate a partir de la distancia y el contragolpe. Pero Álvarez no aceptó la propuesta. Con movimientos de cintura y cabeza, bloqueos y desplazamientos cortos, neutralizó buena parte de los ataques. Cuando Mbilli conseguía acercarse, el mexicano encontraba la manera de salir de la zona de peligro o responder con golpes más limpios. En los primeros asaltos, la actividad del francés le permitió discutir el control de la pelea. Lanzaba más, insistía sobre el cuerpo y buscaba acortar las distancias. Canelo, sin embargo, no parecía dispuesto a entrar en una guerra de desgaste. Eligió sus momentos, trabajó con el jab y comenzó a encontrar espacios para conectar sus derechas y sus golpes al cuerpo.
La pelea empezó a cambiar cuando el mexicano logró leer mejor los avances de Mbilli. El campeón atacaba de manera frontal y, por momentos, quedaba expuesto después de sus combinaciones. Álvarez aprovechó esa situación para responder con cruzados y golpes precisos, sin necesidad de sostener un intercambio prolongado. El séptimo round ofreció una de las imágenes más contundentes de la noche. Canelo conectó un uppercut de derecha que dejó sentido a Mbilli y encendió la posibilidad de un desenlace anticipado. El mexicano buscó aprovechar el momento, lanzó una combinación y obligó al francés a retroceder. Sin embargo, el campeón resistió y consiguió llegar al final del asalto.
La secuencia confirmó una diferencia que empezaba a hacerse visible: mientras Mbilli dependía en buena medida de su insistencia, Canelo encontraba respuestas cada vez que podía anticipar sus movimientos. No siempre necesitaba golpear más. Le alcanzaba con elegir mejor cuándo hacerlo.
En el octavo asalto llegó otro momento decisivo. Mbilli insistió con golpes a la nuca y el árbitro le descontó un punto por las infracciones reiteradas. La penalización tuvo un peso importante en las tarjetas y reforzó la ventaja que el mexicano había empezado a construir dentro del ring.
El francés no dejó de intentarlo. Mantuvo la presión y buscó recuperar terreno en los últimos rounds, pero sus ataques perdieron sorpresa. Canelo se movió con inteligencia, utilizó el jab para controlar la distancia y respondió con golpes aislados que resultaron más efectivos. También recurrió a los amarres cuando necesitó cortar el ritmo y administrar el desgaste.
En el tramo final, la pelea quedó planteada entre la insistencia de Mbilli y la capacidad de Álvarez para controlar los intercambios. El mexicano no se desesperó ni se expuso innecesariamente. Sabía que había hecho el trabajo necesario y llegó al último campanazo con la ventaja a su favor.
Las tarjetas confirmaron el resultado: 115-112, 116-111 y 117-110. La decisión fue unánime y el cinturón supermediano del CMB volvió a manos de Canelo.
La victoria no borró las dudas que podía generar su regreso después de trece meses de inactividad ni significó una demostración de superioridad absoluta. Sí dejó una certeza: incluso sin la explosividad de sus mejores años, Álvarez conserva herramientas técnicas y una lectura del combate que todavía pueden marcar diferencias ante rivales de primer nivel.
En Riad, el mexicano recuperó algo más que un título. Después de la caída ante Crawford y de un prolongado paréntesis, volvió a instalar su nombre entre los campeones de las 168 libras. No necesitó una definición espectacular. Le alcanzó con hacer lo que mejor sabe: entender la pelea antes que su rival y convertir esa ventaja en una victoria.


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