Luto
Desde la revista El Gráfico, a lo largo de 30 años (ocho como director), su pluma dejó para siempre textos inolvidables. Una carrera que complementó con radio, TV. Sin dudas, se fue uno de los grandes del periodismo deportivo argentino
21 de marzo de 2026 09:03:00
El gran y reconocido periodista Ernesto Cherquis Bialo escribió hoy a las 21.56 el punto final de su página de vida. Tenía 85 años y padecía leucemia.
Tanguero (habitué por años al Viejo Almacén o Caño 14), futbolero (fana de San Lorenzo) y amante del box, claro (el Luna Pak fue su segundo hogar y la oficina de Tito Lectoure, gran amigo, siempre estuvo abierta para él), era tan porteño como el Obelisco menos en el DNI. Es que sus padres -inmigrantes polacos y rusos- llegaron a Montevideo, Uruguay, donde Ernesto nació el 30 de septiembre de 1940. La montevideana calle Yi pasaría a ser un recuerdo cuando la familia decidió mudarse a Buenos aires, donde vivió en varios conventillos (Corrientes y Yatay, y después Potosí y Rawson), estudió y paralelamente ingresó al Club Desarrollo como boxeador; allí llegó a entrenar con el gran Luis Ángel Firpo ya retirado. Luego de un breve paso como pasante en Clarín, en 1962, un año más tarde llega a El Gráfico para esa entrevista inicial con Fontanarrosa. A través de sus páginas, la revista fundada por Constancio C. Vigil en 1919, va a transformarse con el paso de los años en la auténtica historia oficial del deporte. Con un linaje de plumas históricas que fueron marcando la narrativa deportiva, empezando por el fútbol, el automovilismo y el boxeo, las tres disciplinas más populares, hasta que a mediados de los '70, a partir del boom Vilas, el tenis se sumará seguido a sus tapas. De hecho, hasta que en los '80 la televisión impone su poderío en cada fecha dominical, salir en la tapa de El Gráfico significaba llegar. Un sueño, una meta, un logro en sí mismo. A lo largo de las décadas, construyó un nombre propio dentro de una redacción histórica, compartiendo espacio con figuras emblemáticas del periodismo deportivo. Su crecimiento fue sostenido hasta alcanzar la dirección de la revista entre 1984 y 1990, etapa en la que consolidó su liderazgo.
Si bien cubrió múltiples disciplinas, su sello quedó profundamente ligado al boxeo, deporte que lo tuvo como testigo privilegiado de grandes epopeyas. En ese rol, incluso utilizó el seudónimo Robinson, motivado por su admiración a Sugar Ray.
Consultado sobre esa disciplina, dejó un análisis contundente que resume su mirada: "Carlos Monzón fue el campeón mundial más grande que tuvo la Argentina, claramente... El boxeo era el deporte número dos, en discusión con el automovilismo. Y las tapas de El Gráfico lo reflejaban".
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